Conozco a un tío, un ingeniero informático superior que se tiró 5 años trabajando en una consultora para un ministerio de Madrid, en trabajo estable, un sueldo no por debajo de su sector, ‘ni mucho ni poco trabajo’ en sus palabras, buen ambiente, me decía.
Este conocido mío se preparó unas oposiciones para policía local de su pueblo en la Comunidad de Madrid, las sacó y dejó su puesto en el ministerio por el coche patrulla. Y me explicó sus razones: “En este trabajo para toda la vida gano 3.000€ más al año nada más empezar. La diferencia subirá con la antigüedad. Tengo muchas mejores condiciones laborales, días de asuntos propios y el trabajo no es tan complicado ni peligroso como el de un policía nacional (que cobran menos). Varios colegas ingenieros de la consultora se están preparando la oposición ahora.’
También sé de otro tipo muy cualificado que dejó su puesto de mando intermedio en una empresa líder en transporte urgente, donde podría haber ascendido en no mucho tiempo, para ser conductor de tren tras hacer un curso. Ahora cobra el doble y está más feliz que un sol.
Y esta es mi aportación al debate ‘Por qué en España la educación es una mierda’ y ‘por qué estudiar en España es de idiotas’.
Por cierto, el policía local del que hablo lleva dos meses sin cobrar del ayuntamiento, pero eso da para otra historia.
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“… Por cierto, el policía local del que hablo lleva dos meses sin cobrar del ayuntamiento, pero eso da para otra historia.”
¿Seguro que es otra historia, o es el final de la misma? A la hora de calibrar un trabajo ¿no hay que estimar la fiabilidad de la empresa? Si nos fijamos solo en los rendimientos inmediatos, los que han invertido en la Rumasa II han obtenido (durante breve tiempo) rentabilidades muy superiores a las de otras inversiones más seguras. Lo mismo los inversores en Foro Filatélico y Afinsa.
Resulta casi inconcebible, pero muchos ayuntamientos españoles son ejemplos de esquemas Ponzi, y en cuanto el ingreso de las licencias por obras se ha secado no les quedaba más salida que la quiebra.
Finalmente, quizás el sueldo no es el único incentivo a tener en cuenta. En la película “El violinista sobre el tejado” una de las protagonistas tiene que elegir para casarse entre un estudiante de rabino más pobre que las ratas, o el carnicero del pueblo, que es el más rico, aunque su profesión no sea bien mirada. Como es una película, elige al rabino; la inteligencia frente a la riqueza, el saber frente al poder. Cosas del cine.
No, es sólo el sueldo, sino valoran ‘que es un trabajo para toda la vida’, los ‘moscosos’, etc etc
De sobra sabemos todos los “estudios” que es preciso tener para ingresar en la policía municipal de cualquier ayuntamiento y no digamos nada en renfe.
El título de la entrada podríamos completarlo: “Estudiar es de idiotas, según para quién”
Espectador, el estudiante de El violinista sobre el tejado es estudiante a secas. De las lecciones que imparte, y del hecho que este en el campo, siendo el obviamente un tipo de ciudad, podemos deducir que se trata de un narodniki, un populista ruso, que creían de forma casi mística que el campesinado está llamado a protagonizar la redención de Rusia. Nada de estudiante de rabino, pues, sino un socialista de tomo y lomo.
Y esta es la puta realidad en España, un país donde se gastaron millones en formar a miles de Universitarios, para que opositen a Aux. Administrativo, Bomberos o Policías, porque tras catar el mundo laboral se han dado cuenta de que el esfuerzo del día a día no está para nada pagado.
Encima, al hecho de ganar más, vivir mejor y tener más tiempo libre, se suma el hecho de que serán más respetados y admirados por vecinos y conocidos, que miran con desdén al que tiene un título cuando se queja de los sueldos, mientras sueltan un ‘mira al de la titulitis, quién mierdas se habrá creído que es por tener un título’.
La verdad es que me parece bastante razonable, y más teniendo en cuenta que has utilizado un ejemplo que es bastante raro en el que un tipo era ingeniero informático y trabajaba en algo relacionado con la informática. Lo más normal es que trabajes en algo que no tiene absolutamente nada que ver con lo que estudiaste y en lo que, encima, cobras menos que cualquier chupóptero.